martes 10 de enero de 2012

Such a mystery

Hey, acá estoy, de nuevo... Soy yo, Sophie, escribiéndote y pensándote, para variar. Cuántas veces me imaginé a toda esa gente diciéndome una cosa y pensando otra muy diferente sobre esto de pensarte. "Si, por supuesto que entiendo a qué te referís con pensarlo distinto. Si, si... (Lo estás pensando como cualquiera, de manera cursi y porque estás enamorada. Que novedad para el mundo el amor...)".

Revisitando el asunto una vez más, vuelvo a darme cuenta de que no sé bien si es la influencia de los sentimientos lo que me hace pensarte así, tan misterioso, tan "me-sacás-de-lo-común", o es al revés; sos tan fuera de lo común para mí, tan excepción a la regla (mi regla) que me hace pensarte como lo hago.

Quizás debería dejar de escribirte. Quizás debería dejar de pensarte, de quererte, de extrañarte todos los días al menos un ratito. Pero, ¿a quién le gusta abandonar algo que encuentra tan interesante?
No, insisto: esto va más allá de pensarte de la manera típica. No es como me ha pasado antes. Antes, todo era más vacío, falto de sentido. Eran idiomas diferentes, y todo estaba dicho. Pero acá, con vos, hay misterio. El misterio es fascinación, admiración y miedo. Temer a lo desconocido... Pero es un miedo "satisfactorio", porque en algún punto, llega a conmoverme. Me "desencaja" y me hace pensar, me hace pensarte. Porque esa es tu esencia; el misterio. El misterio, lo diferente y lo puro. Si, estoy casi segura que la pureza también forma parte de tu esencia. ¿Será que me identifico con eso? Pureza más allá de la santidad, porque no es eso a lo que me refiero.

En fin, ya he de ir parando (como decía una canción de mi infancia). Mejor cortar acá esta carta de hoy. Aunque todavía queda tanto por decir... (como dice otra canción)

Y bueno, ya que el orgullo y la luz del día no me permiten decírtelo de la manera que debería, voy a decirlo de la forma más cobarde; y en parte, quizás haga uso de tu idioma (o no, tu misterio nunca me dejó saberlo):

extráñote.


Sophie